BARCELONA ROCK FEST 2026. Crónica y fotos del viernes

Texto y fotos: Iñigo Malvido

Barcelona Rock Fest 2026 – Viernes 3 de julio

Hay días en los festivales que se recuerdan por un concierto concreto. Otros por una anécdota. Para una persona del norte como yo que vive «fresquito», lo recordaré por el calor.

El Parc de Can Zam amaneció bajo un cielo despiadadamente limpio, sin una sola nube que ofreciera misericordia. El recinto se convirtió durante la tarde en una gigantesca plancha de hormigón y césped seco sobre la que miles de camisetas negras desafiaron a la lógica y a la termodinámica.

A las cinco de la tarde, las camisetas negras ya pesaban como armaduras mojadas y las primeras cervezas desaparecían a velocidad de un riff de Slayer. El público buscaba sombras imposibles mientras el escenario principal se preparaba para abrir fuego.

Blues Pills

El cuarteto sueco apareció sobre el escenario cuando el calor todavía era el protagonista absoluto del recinto y consiguió algo que parecía improbable: hacer que la gente olvidara durante una hora los treinta y muchos grados que caían sobre Santa Coloma. La voz de Elin Larsson emergió poderosa, áspera y cálida al mismo tiempo, como si Janis Joplin hubiese decidido liderar una comuna de hard rock escandinavo.

«Proud Woman», «Devil Man» y la imprescindible «Lady in Gold» fueron construyendo lentamente el ambiente de una tarde que todavía necesitaba arrancar emocionalmente. El público respondió desde el primer momento, quizá porque la banda entendió perfectamente el contexto y apostó más por el groove y la elegancia que por la agresividad. Las primeras filas acompañaban cada estribillo mientras muchos asistentes utilizaban las pausas entre canciones para refrescarse con agua lanzada desde seguridad hacia el público.

Blues Pills no provocó pogos ni terremotos. Hizo algo más complicado a las cinco y media de la tarde: logró que miles de personas sonrieran bajo un calor insoportable.

Tyketto

El hard rock melódico siempre ha tenido algo de medicina emocional y Tyketto llegó a Can Zam dispuesto a ejercer exactamente esa función. Danny Vaughn apareció sobre el escenario con la tranquilidad de quien lleva décadas defendiendo canciones y escenarios sin necesidad de artificios ni modas pasajeras.

La banda encontró rápidamente una conexión especial con un público que, en gran parte, había crecido junto a aquellas melodías y aquellos discos. Había algo casi familiar en la relación entre el grupo y los asistentes. No se trataba únicamente de nostalgia; se trataba del reencuentro entre viejos amigos que se reconocen inmediatamente aunque hayan pasado años sin verse.

Vaughn se mostró especialmente comunicativo durante toda la actuación. Cada intervención encontraba una respuesta inmediata desde las primeras filas y cada estribillo parecía regresar multiplicado desde el recinto. El AOR puede haber abandonado hace tiempo las listas de ventas, pero sigue conservando un lugar privilegiado en el corazón del metal europeo.

Pretty Maids

Con Pretty Maids comenzó realmente la transición entre la tarde y la noche, entre el hard rock soleado y el heavy metal de acero templado. Ronnie Atkins apareció sobre el escenario recibiendo una ovación que tenía tanto de admiración artística como de respeto humano.

El vocalista danés sigue representando una de las grandes historias de resistencia del metal contemporáneo y eso se percibía en cada aplauso y en cada mirada desde las primeras filas. La banda sonó compacta, poderosa y elegante, moviéndose con naturalidad entre la agresividad clásica del heavy europeo y la sensibilidad melódica que siempre caracterizó su propuesta.

Loudness

La aparición de Loudness supuso uno de esos actos de justicia histórica que el Barcelona Rock Fest acostumbra a ofrecer a quienes conocen las raíces del género. Porque si el heavy metal fue una revolución global, Japón fue uno de sus frentes más brillantes y menos reconocidos en Occidente.

Akira Takasaki volvió a demostrar que el paso del tiempo es un concepto relativo para determinados guitarristas. Su forma de tocar sigue poseyendo esa mezcla de precisión, velocidad y musicalidad que lo convirtió hace décadas en uno de los nombres imprescindibles del instrumento. La banda sonó afilada, poderosa y sorprendentemente contemporánea.

Gotthard

La llegada de Gotthard coincidió con el momento exacto en que el sol comenzaba finalmente a rendirse sobre Santa Coloma. El cielo adquiría tonos anaranjados y el recinto empezaba a respirar de nuevo. Era el escenario perfecto para el hard rock elegante y melódico de los suizos.

Nic Maeder se mostró cercano y agradecido desde el primer momento, consciente de la especial relación que la banda mantiene desde hace décadas con el público español. La conexión fue inmediata. Había miles de personas cantando, sonriendo y acompañando cada gesto desde el escenario como si el concierto formara parte de una tradición anual inquebrantable.

Gotthard ofreció exactamente lo que debía ofrecer una banda veterana de su categoría: oficio, canciones enormes y ausencia absoluta de artificios innecesarios. En un festival dominado por la contundencia y la velocidad, los suizos recordaron que la emoción también puede viajar a lomos de una melodía.

Latzen

Mientras el escenario principal miraba hacia Suiza, el escenario alternativo miraba hacia Euskadi. Latzen protagonizó una de las actuaciones más personales y emocionalmente auténticas de toda la jornada.

La banda convirtió su concierto en una reivindicación del heavy metal como patrimonio cultural y lingüístico, demostrando una vez más que la electricidad jamás entendió de idiomas ni de fronteras. El público respondió con una calidez extraordinaria y especialmente visible entre los numerosos aficionados vascos desplazados hasta Barcelona.

La interacción entre grupo y asistentes tuvo algo de reunión familiar y algo de celebración colectiva. Cada frase pronunciada desde el escenario encontraba una respuesta inmediata y cada gesto parecía reforzar la sensación de estar viviendo uno de esos conciertos que probablemente sólo pueden producirse en festivales como el Barcelona Rock Fest, donde las leyendas internacionales conviven con las historias locales.

Sex Pistols featuring Frank Carter

Enfrentarse al legado de Sex Pistols sin Johnny Rotten parecía una tarea destinada al desastre o a la irrelevancia. Frank Carter tardó apenas unos minutos en demostrar que existía una tercera opción: hacer algo completamente distinto y, al mismo tiempo, completamente fiel al espíritu original.

Lejos de intentar imitar a Rotten, Carter decidió aportar su propia personalidad, su propia energía y su propia forma de entender el punk. El resultado fue explosivo. El cantante convirtió el concierto en un ejercicio permanente de interacción física con el público, bajando al foso, acercándose constantemente a las primeras filas y transformando la distancia entre escenario y asistentes en un concepto meramente decorativo.

El punk nunca fue un ejercicio de contemplación.

Megadeth

Pasada la medianoche llegó el momento que buena parte del festival llevaba esperando desde la publicación del cartel. Y es que desde que Mustaine anunciase que esta gira iba a ser la última por sus problemas de salud, nadie quiere perderse a la banda. Personalmente, creo que hay Megadeth para rato.

La aparición de Dave Mustaine provocó una reacción inmediata y descomunal por parte del público.

La banda apareció sobre el escenario con la autoridad de quien no necesita demostrar absolutamente nada y, precisamente por eso, sigue demostrando mucho más que la mayoría. Mustaine habló poco, como acostumbra, dejando que las guitarras hicieran prácticamente todo el trabajo comunicativo. A su alrededor, la maquinaria funcionaba con una precisión quirúrgica y con una agresividad perfectamente controlada.

La respuesta del público fue la que corresponde a una institución del género. Miles de voces acompañando cada intervención de Mustaine y una sensación constante de estar asistiendo a algo que trasciende el simple concepto de concierto. Megadeth no actúa sobre un escenario. Megadeth ocupa un espacio histórico dentro del heavy metal.

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