SINIESTRO TOTAL. ¡El domingo en Donosti!

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ENTREVISTA SINIESTRO TOTAL

La gira XXX Aniversario “Tierra Ignota” de los rockeros gallegos Siniestro Total aterriza este domingo en Doka de Donostia (20:30h, 18/22 euros) de la mano de Inforock. Para calentar motores ante la histórica cita, nos ponemos en contacto con su cantante y guitarrista Julián Hernández. Grande, como podréis comprobar a lo largo de la entrevista.

– Se esperaba la Gira XXX Aniversario y llega Tierra Ignota. ¿Queríais huir de celebraciones?   

-En realidad no. Las pasadas Navidades celebramos el XXX Aniversario justo el mismo día que se cumplía, el 27 de diciembre de 2011, en el club La Iguana de Vigo y el 4 de enero de 2012 presentamos Land Of Opportunity, el proyecto que tenemos a partes iguales con el Taller Atlántico Contemporáneo y Javier López de Guereña, en el Teatro García Barbón, también en Vigo (¡qué remedio!). Tierra Ignota es parte de este crisol caleidoscópico de celebraciones sin topicazos. Eso sí: hemos decidido que es el último aniversario que celebraremos. Esto no quiere decir que abandonemos el barco. Sencillamente es que, en número romanos, ya no podemos acumular más equis y ya no tendría gracia celebrar el XL Aniversario, que parece la talla de una camiseta supergrande. 

–  En todo caso es una gira especial.

– Sí, y de edición limitada. Siempre hemos puesto, en todas las grabaciones, especial interés en canciones e ideas que sabíamos especialmente difíciles de integrar en un repertorio, digamos “normal”. Después de treinta años, esos Manuscritos del Mar Muerto han crecido considerablemente. Lo que pasa es que preparando el repertorio para Tierra Ignota ha aflorado una personalidad escindida de Siniestro Total: somos nuestro propio grupo paralelo. Lo decimos porque estamos convencidos de que el concierto puede funcionar muy bien con esa materia oscura. Que tampoco es tan oscura… 

– Se ha hablado incluso de “Gira de primavera”. ¿Sacareis de nuevo los pantalones cortos de “Ante todo mucha calma”?

– La gira, efectivamente, es de primavera, el tiempo de las cerezas. Pero ya no tenemos edad para ir de pantalones cortos. Que conste que tampoco la teníamos cuando grabamos Ante todo mucha calma, pero a veces parece -como decía Elvis Costello de sí mismo- que nos empeñamos en arruinar nuestra propia imagen (risas).

– ¿Cuándo empezasteis a uniformaros en los conciertos?

– Probablemente en el tercer álbum, Menos mal que nos queda Portugal. Ya no estaba Germán Coppini, que se preocupaba mucho de la imagen, y tuvimos que pensar en una estética colectiva sin cantante solista delante. Es, además, una manera de no relajarnos. Un escenario no es la salita de tu casa o el bar de la esquina, sino un espacio singular en el que no se puede entrar y salir vestido de la misma forma (¡ni mucho menos con una camiseta de Jack Daniel’s!). Pero, para nuestra desgracia, no pertenecemos a ninguna tribu urbana (salvo, quizá, la de gallegos raros) que nos proporcione la imagen sin tener que pensar demasiado. Los raperos o los heavys lo tienen muy fácil; Angus Young aparte, claro, aunque no se haya quitado el traje de colegial en cuarenta años. Nosotros tenemos que pensar en algo al margen de la ropa de calle. Hombre, un traje decente (no hace falta que sea muy caro, ¿eh?), si tiene una buena percha, siempre saca de un apuro.

– Habéis anunciados un set list de rarezas y clásicos, ¿verdad?

– Un repertorio es un recorrido, un itinerario desde un punto inicial hasta otro final. Tierra Ignota es también un homenaje a Scott y Amundsen en sus viajes al Polo Sur, que era tierra ignota por aquel entonces. La diferencia es que el viaje es al revés: vamos desde lo desconocido a lo conocido. También es el negativo del viaje de 2001: una odisea en el espacio… Er… ¿cómo dices? ¿Que acabar en el territorio de los clásicos es demagogia? Bueno, pues sí y no: esos temas clásicos nunca suenan dos veces de la misma forma, y de alguna manera hay que relajarse una vez llegados al refugio. Tal y como decía Víctor Coyote, nos taladraremos la oreja izquierda después de cruzar el Cabo de Hornos.

– Los de las “caras B” que recuperáis si que esta ya en vías de extinción. ¿Echáis de menos aquellos cortes inéditos de los singles?

No está en vías de extinción: sencillamente ya no existe. O, mejor dicho, se ha transformado. La canción “rara”, la que no está en el álbum, sobrevive en regalos digitales, CD’s de revistas musicales y otros hábitats. Pero sí que es cierto que la cara B del single tenía un encanto especial, como Sevilla (¿o era Donosti?). De hecho, algunas veces las discográficas tenían que dar la vuelta al single porque la canción de la cara B adelantaba por el arcén a la cara A. Era una apuesta fifty/fifty con dos canciones. Nosotros siempre hemos pensado en esos temas que no encajan dentro del álbum y que merecen algo de atención. ¿Maniáticos? ¡Pues claro!

– Las “caras B” servían a menudo para colar versiones. Vosotros sois expertos en covers; AC/DC, Obús, Lynyrd Skynyrd, Iron Butterfly, Ramones,… ¡mucho rock duro!

Efectivamente: una versión es/era perfecta para una cara B. Y aquí sí que das en clavo: hay mucho rock duro o, mejor dicho, rock de los setenta. Esto tiene una explicación sencilla. Los modernos de Rock Ola en Madrid en los ochenta odiaban el rock de la década anterior y nos planteamos seriamente hacer una versión de Lynyrd Skynyrd para tocar las narices en un concierto allá por 1984. Para nuestra sorpresa aquello funcionó al revés de como pensábamos: ¡la gente estaba encantada! Al fin y al cabo cada moderno tiene un corazoncito tradicional bajo el maquillaje. Esa canción –Miña terra galega/Sweet home Alabama– fue el pistoletazo de salida para abrir las jaulas y dejar que las fieras camparan por sus respetos. Pero no sólo de rock duro vive le hombre. En Siniestro Total hay desde versiones de Petula Clark (Hoy voy a asesinarte) hasta de James Brown (Vivo en América). ¡Eclecticismo o barbarie!

– La mayoría de vuestros seguidores serían felices con vuestro repertorio de los 80. Como a todos los grupos veteranos, se os recuerda más por el pasado que por el presente ¿Cómo lo lleváis?

– Ni bien, ni mal, ni todo lo contrario. Nosotros a lo nuestro. Se dan situaciones tan curiosas como la de un fan de veinte años que nos decía que los conciertos buenos eran los de los ochenta. Cuando le dijimos que él ni siquiera había nacido, nos dijo que “se lo habían contado”. ¡Puritita religión eso de creer en algo que jamás has visto! Y, no te lo pierdas, la gente suele confundir canciones de los ochenta con las de los noventa con una facilidad de pasmo. Por poner un ejemplo: la canción Cuenca minera es de 1993 y cuando la tocamos parece ser de 1983 a juzgar por la reacción colectiva. El público –la base social- de Siniestro Total es el más maravilloso del mundo pero es tan conservador como cualquier otro. Y quizá tengan toda la razón: paladean y disfrutan los vinos (chasqueando la lengua y poniendo los ojos en blanco) cuanto más añejos son.  

– ¿Habéis conocido una crisis como la actual? La cultura, como siempre sale muy mal parada…

– Siempre hemos vivido en crisis, que es lo que al capitalismo le conviene. El problema es que los sospechosos habituales ahora han decidido dar un golpe de estado en toda regla. Esta gentuza y sus marionetas (los gobiernos de Grecia, Italia, España, Alemania, Portugal, Francia…) son analfabetos funcionales y deciden que no merece la pena invertir en cultura. Es un tremendo error por su parte porque estamos hablando de industria y de identidad, esas cosas que nos dan de comer y nos afirman. Paradójicamente, el gobierno de Franco financió la vanguardia española para proyectar en el exterior una imagen moderna de la España troglodita del interior. De puertas adentro esto era un erial, pero así justificaban lo injustificable. Ahora, ni eso. Suelen preguntar a los políticos qué música escuchan (siempre resultan un poco tristes las respuestas) pero no qué pintores les gustan, qué libros leen o qué cine les gusta. Ni siquiera sus asesores saben asesorarles…     

– Los grupos de pop se quejan de que los ayuntamientos ya no contratan. ¿A un grupo de rock como ST le afecta menos?

– De algún modo estamos todos en el mismo barco. Nosotros sobrevivimos como podemos pero la gente que trabaja para que un concierto salga adelante (técnicos, roadies, road managers, l@s que pegan carteles, l@s que cortan las entradas, l@s que conducen las furgonetas, …) tienen que estar en varios frentes a la vez y el recorte actual de los ayuntamientos es tan estúpido como el despilfarro de antaño, que consistía en contratar, costase lo que costase, al artista favorito de la sobrina del alcalde. Nosotros empezamos a echar de menos los chismes que nuestros técnicos nos contaban de ese tipo de artistas, digamos “pop”, con los que tenían que trabajar y que nada tienen que ver con nosotros. No daremos nombres, pero era descacharrante.

– En ST, el humor, entre otras cosas, es importante. ¿Es vuestra principal seña de identidad?

– No: es nuestro sistema operativo. Pero el humor no es el chiste fácil, el chascarrillo o la gracieta chorra. Que conste que, a veces, hemos recurrido a ello pero el sentido del humor gallego no es el de la carcajada con chistes de gangosos o mariquitas de Arévalo. Somos más bien de sonrisa quebrada y triste, de humor negro, de ironía y de sarcasmo. ¡Qué le vamos a hacer! 

-¿Os interesan grupos de rock cachondo como Mojinos Escozios o Los Del Gas?

– No. Y no porque nos parezca mal lo que hacen pero, enlazando con la pregunta anterior, nosotros vamos de otro palo, tanto en las letras como en la música. No sería posible la gira de Tierra Ignota si fuera de otra manera. La gente de la revista Mondo Brutto nos calificaron como grupo de “rock tuno” en alguna ocasión. ¿Deberíamos sentirnos ofendidos? Pues no, entre otra cosas porque tenemos bastantes más balas en la recámara y ¡odiamos a los tunos! Pero, si se espera de nosotros que seamos graciosillos sistemáticamente, no seremos nosotros los que nos convirtamos en “seriecillos” de la noche a la mañana. El mismo Gila decía que no podía soportar la pomposidad y la solemnidad. Y lo último en lo que se puede caer para parecer serios es en la cursilería. Antes muertos que perder la vida.     

– Esta gira os trae de nuevo a Donosti. Aunque en domingo…

– ¿Y…? El domingo es el día del Señor y habrá que aprovechar que Él está descansando para pecar todo lo posible sin que se fije en nosotros. ¿Acaso un concierto de AC/DC en domingo es menos que uno en jueves? Bien, lo entendemos. Al día siguiente hay que trabajar o estudiar. Pero, ¡ay!, tal como están las cosas no hay mucho trabajo y el presupuesto para educación se reduce como unas cebollas caramelizadas de Arzak. O sea que el concierto en Donosti será la fiesta-del-fin-del-fin-de-semana para los que curran y una jornada de liberación para los que no. Además no hay mejor manera de librarse de Carrusel Deportivo que vernos las caras metiendo un ruido infernal, ¿no? 

– Igual este año el Celta es de Primera…

– Ay, pues sí. Dios, como todo el mundo sabe, es del Celta y, si mide bien los pros y los contras, sabrá también medir si merece la pena que el Celta suba a Primera o no. Por un lado está la comprensible alegría de la ciudad y por otro está la prepotencia de los directivos de la sociedad anónima que en seguida se ponen a pedir pasta para construir un estadio nuevo. ¡Y eso sí que no! Genéticamente somos del Celta, porque somos de Vigo, pero el fútbol no nos parece una buena idea: al fin y al cabo es el enemigo a la hora de programar un concierto. Y esto sea dicho sin entrar en política… Pero entremos, ¿por qué no? Han conseguido enfrentar a iguales (en edad, en condición social) sólo por ser hinchas de equipos contrarios, haciendo que olviden que el enemigo no es alguien con una camiseta de otro color. 

– ¿Qué recuerdos tenéis de anteriores conciertos en Donosti?

– Pues muchos y muy variados. Sería muy largo contarlos ahora, ¡dan para escribir un libro!. Lo que sí tengo claro (Julián Hernández interviene ahora en solitario) es que una ciudad no se conoce sólo porque vayas a tocar allí. Yo, mismamente y a nivel mío, conocí mejor Donosti cuando fui jurado en la Semana de Cine Fantástico y de Terror pateándome Lo Viejo de este a oeste y de norte a sur con Edu Arroyo, director de Caiga quien caiga y Noche Hache, y Nacho Vigalondo, que no necesita presentación. (ahora vuelven a intervenir todos los miembros del grupo) ¡Y qué decir de las noches en Belauntza, el caserío/cervecería de Manu en Urnieta! Vale que no es Donosti mismo, pero cerca sí que está…    

Eskerrik asko!

– Moitas gracias!

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