RESURRECTION FEST 2018. Crónica y fotos

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RESURRECTION FEST – 2018 – 12/14 de julio

Primero Sick of it All, Napalm Death y Misfits. Después Down, At the Gates, Lamb of God y Slayer. Finalmente Motörhead, Iron Maiden, Rammstein, Scorpions y Kiss. La evolución del RESURRECTION FEST podría contarse a través de los cabezas de cartel de las diferentes ediciones, tanto en lo que respecta a estilos como a la propia dimensión del festival. Pero junto a los nombres grandes cohabitan muchísimas bandas, momentos históricos, anécdotas de todo tipo, un entorno sin igual y un ambiente acogedor, impulsado por un pueblo que, consciente de la oportunidad, se vuelca con el festival con entusiasmo. A fin de cuentas, Viveiro ya no solo es el lugar señalado para presenciar el mejor metal y hardcore estatal e internacional, sino una oportunidad para disfrutar de toda una experiencia colectiva que, tomando la música como base, va más allá y se queda en el recuerdo de los asistentes durante todo el año.

El festival ha crecido a pasos agigantados, incluso dispone desde hace dos ediciones de un cuarto escenario, el Desert Stage, destinado a los sonidos más pesados del rock, el stoner y los estilos más experimentales y progresivos, además de los habituales Chaos Stage, carpa donde prima el hardcore en todas sus vertientes y el Ritual Stage, hermano pequeño del escenario principal, donde tienen lugar las corrientes que circundan el metal extremo. De la mano del aumento del público se han extendido también las zonas de acampada, siendo ahora cuatro y de diversa índole, aunque, todo sea dicho, seguimos apostando por los siempre triunfales parque y arboleda junto a la playa. A pesar de todo, “el Resu” sigue siendo un festival pequeño, que se resiste a la masificación y, por ende, ofrece grandes facilidades tanto de acceso como desplazamiento entre zonas de acampada y recinto, ya dentro del recinto entre los propios escenarios y la ágil utilización de servicios. Son cosas pequeñas las que hacen grande a un festival y el gallego lleva años cuidando los detalles para que la experiencia de los asistentes sea plenamente satisfactoria.

Ya son cuatro años desde que el evento se amplió a cuatro días con el Warm Up Party, jornada de calentamiento que ha dejado de ser un simple escaparate para bandas estatales y cada año sube un peldaño más en cuanto a la repercusión internacional. Este año el festival lanzó un variado pack de siete bandas, pero la actuación con la que nos quedamos fue, sin lugar a dudas, la de MINISTRY. El sexteto estadounidense liderado por Al Jourgensen ofreció una clase magistral de metal industrial con un sonido y una puesta en escena espectaculares. Delicioso aperitivo de todo lo que estaba por venir.

JUEVES, 12

Comenzamos el festival con la actuación de WE EXIST EVEN DEAD, una de las tres bandas ganadores del Band Contest, concurso que otorga la posibilidad de abrir uno de los tres días del evento en el Chaos Stage. El quinteto barcelonés, consciente de lo especial de la ocasión, salió con todo sobre las tablas a presentar su nuevo álbum “Eventide”. Su actitud fue irreprochable, se dejaron la piel y transmitieron al personal la pasión que sienten hacia su proyecto en cada una de las canciones, alentando al tempranero público a ser partícipes de su fiesta mediante reiterados circle pits. Lamentablemente, el sonido no los acompañó, siendo batería y voz los instrumentos más audibles durante gran parte del show. Guitarras y bajo se hicieron más presentes en las partes puramente rítmicas, pero la brevedad de su actuación tampoco dio suficiene espacio para la mejora.

NOAH HISTERIA fue la siguiente cita en el Desert Stage. Su propuesta supuso un salto de calidad instrumental, compositico y creativo que trajo consigo una amalgama de armonías, ritmos y ambientaciones que deleitó a los allí presentes. La banda valenciana mostró el potencial volcado en su trabajo debut, “Hautefaye”, a través de su gran ejecución y la capacidad de fusionar el progresivo más complejo con pasajes ambientales que rozan el pop. El vocalista no tuvo su día más acertado, lo que se evidenció en ciertos desajustes de afinación, pero a pesar de todo, el quinteto en su conjunto rayó a un nivel aceptable. Una banda muy a tener en cuenta.

La embestida de BLOODHUNTER sirvió para estrenar el Ritual Stage. La banda gallega jugaba en casa y eso se notó en la acalorada respuesta del público desde el inicio de su actuación, capitaneada por la imponente presencia de Diva Satanica a la voz, mujer que ha ampliado los límites divulgativos del metal extremo mediante su participación en el programa televisivo La Voz. El resto de los músicos también rayaron a un gran nivel, pero mención especial merece la destreza técnica del baterista, que jugó un papel fundamental para que el grupo en su conjunto sonara empastado y tanto la garra de sus veloces canciones como los pasajes más pegadizos no se vieran difuminados por el sonido, todavía desequilibrado en las actuaciones iniciales de la jornada.

Precisamente VORTEX fueron los primeros del festival qué gozaron de un sonido aceptable, con la banda al completo sonando con claridad y definición. El pegadizo rock basado en estribillos coreables, voces dobladas empapados de melodía y musculosos riffs de guitarra cuajó entre el discreto público que presenció su concierto. La banda se mostró confiada sobre las tablas y la certera ejecución de las canciones ratificó su gran estado de forma, transmitiendo la sensación de estar presenciando una actuación muy estudiada, como si de una máquina perfectamente engrasada se tratara. Su repertorio se basó en su trabajo más reciente “Architets of Misfortune” que engloba todas las virtudes previamente mentadas.

La gran expectación se palpaba en el ambiente ante la primera cita del festival en el Main Stage. Los pamploneses DAWN OF THE MAYA ponían punto y final a su andadura en un evento que les ha visto crecer y donde han gozado de una gran acogida. Su concierto de despedida no fue menos y desde la primera canción el público respondió de forma énergica, poblando el frente del escenario y dando rienda suelta a la locura mediante continuados circle pits. La comunión entre banda y público fue palpable al corear los memorables estribillos de canciones como “Old Statues” o “The Age of Darkness”, en los que brilla sobremanera la celestial voz limpia del bajista Eneko Celestino. Los problemas técnicos también hicieron acto de presencia en “A Winged Victory”, donde la guitarra de Miguel Garcia se ausentó prácticamente durante toda la canción, una pena considerando la riqueza melódica que atesora el tema. De todos modos, los navarros remontaron el vuelo y dijeron adiós a doce años sobre las tablas por todo lo alto, ante un público entregado que coreaba el nombre de la banda a la finalización del concierto, tratando de disfrutar hasta el último instante de las siempre agridulces despedidas de bandas queridas.

Sin salir del Main Stage, JINJER ofrecieron un concierto demoledor, atronando con un tremendo poderío rítmico y escénico durante toda su actuación, sin fisuras y directos a la yugular. La amplia experiencia adquirida a base de girar constantemente a nivel internacional durante sus nueve años de andadura otorgan a la banda ucraniana las tablas suficientes para ofrecer un concierto certero e incitar al público al movimiento constante con bombazos como “Captain Clock” o “Just Another”. Además de la destreza técnica, palpable especialmente en los altamente dinámicos riffs de guitarra, destaca el poderoso liderazgo de Tatiana Shmailyuk a la voz, que incitaba al público a moshear una y otra vez, un ejemplo más de la todavía minoritaria pero creciente presencia de las mujeres sobre las tablas en el metal.

Llevan 35 años atronando en directo y están lejos de dar su brazo a torcer. Los incombustibles OVERKILL asaltaron el escenario principal para el deleite de todos aquellos sedientos de thrash metal y atronaron mediante un sonido tremedamente alto, quizás en exceso, aunque apropiado para la fiesta desenfrenada que se avecinaba. El quinteto neoyorquino combinó canciones de todas sus etapas, desde inspirados cortes recientes como “Electric Rattlesnake” y “Ironbound” hasta clásicos como la coreable “In Union We Stand”, “Coma” y “Elimination”, todas ellas recibidas acaloradamente por un público entregado y participativo. Aunque se les notara menos entusiasmados que en pasadas visitas por la península, la banda sigue manteniendo el listón muy alto, especial mención para Bobby Blitz y su monumental voz, una de las mejores conservadas en la escena internacional del thrash metal.

A continuación el Chaos Stage se preparaba para uno de los conciertos más salvajes de la jornada. CRYSTAL LAKE pusieron la carpa patas arriba con su portentosa y particular mezcla de metalcore, djent y pasajes progresivos. Desde la inicial “Prometheus” hasta el cierre con “Omega” el quinteto japonés provocó que el espacio cubierto se convirtiera en una olla a presión donde el público explotaba una y otra vez de júbilo ante el poderoso recital rítmico del grupo. El sonido no fue tan claro en los pasajes más rápidos, donde los graves se sobrepusieron a la nitidez y los detallados arreglos, pero la conexión entre músicos y espectadores fue absoluta. La versión del clásico “Rollin’” de Limp Bizkit simbolizó la gran fiesta que la banda de Tokyo trajo al festival gallego.

La de ROLO TOMASSI fue con diferencia la propuesta más original de la primera jornada del festival. La música del quinteto inglés se basa en la experimentación y la fusión de estilos tan dispares como el mathcore, el rock progresivo o el punk. Desde ambientaciones cálidas y la acogedora voz limpia de Eva Spence en “Aftermath” hasta los sonidos más extremos del metal en “Balancing the Dark”, el alto nivel técnico, la delicadeza y la diversidad creativa de los componentes de la banda es más que evidente. Ellos tampoco dispusieron de un buen sonido, lo que se convirtió en un nuevo episodio de pérdida de detalles, precisamente, en una actuación en la que estos eran los que marcaban la diferencia.

El de STONE SOUR fue el primer gran concierto del día. Caída la noche, la banda comandada por Corey Taylor gozó de una espléndida iluminación y un equilibrado sonido. “Absolute Zero” o “Tired”, canciones redondas de rock con la melodía como principal seña de identidad, calaron hondo en el abundante público reunido frente al escenario principal, muestra de ello la ferviente respuesta a la conclusión de cada uno de los cortes. La banda graduó el rumbo del rock enérgico a sentidas baladas con entereza, aunque Taylor, dueño y señor del escenario, se convirtió inevitablemente en el principal punto de atención. Detalle a tener en cuenta, fue el único músico en todo el festival que vistió sobre las tablas una camiseta del Resurrection Fest. Esperemos que se trate de un guiño de su próximo retorno a Viveiro… enmascarado.

A esa misma hora CANCER BATS se encontraba repartiendo leña en el Chaos Stage. En el poco tiempo que pudimos ver al cuarteto canadiense observamos a una agrupación muy en forma, gozando de un sonido nítido y una gran respuesta del personal. La carpa se volcó ante su inspirada mezcla de hardcore y sludge. Y dando seguida a los solapamientos, el Desert Stage aguardaba una de las más gratas sorpresa del festival, WOLVES IN THE THRONE ROOM nos sumergieron en su particular trance de post black con una cuidada iluminación y una tétrica puesta en escena que transportaba al oyente a un viaje espiritual mediante la combinación de pasajes apoteósicos con otros basados en calmadas ambientaciones mediante guitarras limpias y unas voces penetrantes cual narrador de un épico relato.

Y llegó la hora de presenciar el primer cabeza de cartel del festival. En doce años GHOST ha pasado de iniciarse en pequeños clubs de su Suecia natal a encabezar los mayores festivales de metal europeos. El vertiginoso ascenso de la banda enmascarada se debe en parte al misterioso show que plantean al esconder sus identidades, pero, sobre todo, es fruto de las sensacionales canciones que han generado. La combinación del rock setentero con la influencia de King Diamond llevada al terreno más pop resulta en joyas como “From the Pinnacle to the Pit”, “Year Zero” o “He Is”, coreadas al unísono por una audiencia rendida a los pies del sexteto. El excelente sonido y la magistral interpretación no hicieron más que reafirmar el estado de gracia en el que se encuentra la banda, sobradamente capacitada para romper la barrera del nicho rockero y metálico y atraer a un público mucho más amplio que los lleve a posicionarse entre una de las bandas referentes en la cultura pop. El final con “Dance Macabre”, “Square Hammer” y “Monstrance Clock” hizo las delicias de los allí presentes y puso al público a bailar, cantar y vitorear. Todo un triunfo.

Y para acabar el día qué mejor que una buena dosis de death metal melódico de la mano de uno de los grupos con mayor responsabilidad en la fundación del sonido Göteborg. AT THE GATES no falla y aunque ya han pasado 28 años desde que la banda comenzara su andadura, se mantiene muy en forma, tanto creativa como ejecutivamente. El quinteto encabezado por Tomas Lindberg, inmerso en la presentación de su flamante “To Drink From the Night Itself” combinó los cortes más significativos de los dos trabajos publicados desde su retorno discográfico con antiguas perlas como “Cold”, “Suicide Nation” o “Blinded by Fear”. El gran sonido, acompañado por un público sediento de su tan característica propuesta, condujo la actuación a buen puerto, desatando sendos moshpits en la parte delante del escenario. Los escandinavos conjugaron de forma acertada los diferentes tempos y registros que exploran sus canciones para realizar transiciones de forma orgánica y ofrecer un concierto completo y equilibrado.

VIERNES, 13

Tras superar la resaca inaugural y reponer fuerzas, comenzamos la segunda jornada a base de thrash metal. Los cántabros PANDEMIA tomaron el Ritual Stage para presentar su nuevo disco, “Behind Enemy Lines”, ante una audiencia discreta pero dispuesta a sumarse a su fiesta mediante reiterados circle pits. El cuarteto gozó de un sonido aceptable teniendo en cuenta los ajustados tempos que rigen el ritmo festivalero y saciaron a los allí presentes mediante una dosis de thrash que hizo las delicias de los fans más clásicos del género. Su vocalista y guitarrista Rober Pardo actuó sentado debido a una lesión de rodilla, pero se lo tomó con humor y logró transmitir ese buen rollo a los espectadores.

En el Desert Stage, CICONIA deleitó al personal con un gran nivel interpretativo y ejecutivo. El trio vallisoletano fusiona con mucho gusto pasajes progresivos con calmadas ambientaciones y su propuesta es de alta calidad armónica. Impulsada por un buen sonido y una gran entrega sobre las tablas, la banda hizo al público partícipe del show sin incitarlo a través de la palabra, se trató de una conexión mutua. Finalizaron por todo lo alto con dos miembros mezclados entre el público, creando una kalejira que mutó después en circle pit. Fueron largamente ovacionados, dejaron una sensación muy gratificante entre los allí presentes y ganaron un buen puñado de nuevos adeptos.

Una banda más con chica al frente, en este caso se trató de los lugueses BARBARIAN PROPHECIES, que levantaron los ánimos de los allí presentes mediante su combinación de death y black metal con pasajes progresivos. El sonido no les acompañó, empañando la tremenda energía y velocidad por las que se caracterizan sus riffs y ritmos de batería, pero se entregaron al máximo sobre las tablas y el público reconoció su esfuerzo mediante repetidas ovaciones. Los 30 minutos de los que disponen las bandas más tempraneras del cartel son para estas una oportunidad para llegar a un público que de otra forma sería inabarcable en el circuito de salas, por lo que el propio sonido puede ser una razón definitoria para el respetable a la hora de dar una oportunidad a ciertas bandas o charlar en la barra sin hacer demasiado caso a la música. Todas deberían tener esto en cuenta a la hora de afrontar el festival.

El primer concierto del día en el Main Stage llegó de la mano de THE CONTORTIONIST. El sexteto estadounidense ofreció una actuación de gran nivel, con un montaje, estética y puesta en escena muy profesional. Sin embargo, la banda no llegó a transmitir de forma acertada y su propuesta no conectó con el público, que se mostró frío hacia los americanos. El grupo propuso un trance particular, un viaje al que has de sumarte para disfrutar de todos los matices de su actuación, pero esto no fue fácil a primera hora de la tarde, y menos a pleno sol. Hubieran funcionado mucho mejor en carpa o de noche.

Y seguidamente nos adentramos en una triple seguida de actuaciones de bandas vascas. RISE TO FALL fueron los primeros en el Ritual Stage. Los años de rodaje no son en vano y rayaron a un gran nivel, con una formación ahora reforzada más si cabe mediante la incorporación del virtuoso Dann Hoyos a las seis cuerdas. Uno de los momentos más especiales del concierto vino cuando la banda recuperó “Redrum”, single y canción insignia de su trabajo debut; también cuajó “Whispers of Hope”, aunque en los pasajes más melódicos el sonido se saturó y todos los detalles no pudieron lucir debidamente. Se trató del último concierto de la era “End vs Beggining”, ya que la banda se centrará ahora en la presentación de su cuarto disco, “Into Zero”. La habilidad musical del quinteto y el saber estar sobre las tablas quedó refrendada en el concierto de Viveiro.

En la primera visita del día al Chaos Stage, ADRENALIZED salió con todo, pero su actuación estuvo lastrada por el mal sonido. A pesar de que el cuarteto donostiarra cuenta con una gran destreza para mezclar velocidad, melodía y técnica, y formar a través de ello un conjunto pegadizo propulsado por una acertada voz, la excesiva presencia de graves nubló gran parte de su gesta. A resaltar también que contaron con una audiencia considerablemente menor que en su anterior visita al festival, en 2015, debido en esta ocasión a que el foco principal se encontraba en esos mismos instantes en el show de otros asiduos a la costa gallega, Rise of the Northstar. Con nuevo álbum de camino, la siguiente parada de los guipuzcoanos es Japón, donde, paradójicamente, están siendo recibidos de forma más acalorada y en mejores condiciones.

Y para cerrar el círculo en lo que a bandas del País Vasco se refiere, que mejor que THE WIZARDS en el Desert Stage. Los bilbaínos triunfaron por todo lo alto presentando su trabajo más reciente, “Full Moon in Scorpio”, con un concierto que contó con todo: gran sonido, actitud ejemplar y absoluta simbiosis entre banda y público. Ofrecieron una mezcla de blues, psicodelia y melodías pegadizas acompañadas de un simple pero efectivo espectáculo escénico capitaneado por su pletórico vocalista Ina. Mucha gente se congregó frente al escenario y el éxito fue rotundo, el concierto produjo un gran consenso y se convirtió en uno de los más reseñables del festival en lo que ha grupos estatales se refiere.

El salto del día a los nombres grandes vino con MEGADETH, aunque si hubiera que juzgar por el sonido, Dave Mustaine y compañía figurarían entre los últimos casilleros del festival. El exceso de graves provocó que solo bombo y bajo estuvieran presentes durante gran parte de la actuación del cuarteto originario de la Bay Area. A esto debemos sumarle la evidente incapacidad de Mustaine de cantar el grueso del repertorio, con una voz no solo limitada para llegar a las tonalidades más agudas, sino rota y sin fuerza incluso en los pasajes más graves. La excelencia de las canciones y el jolgorio consecuente fue lo que remontó el vuelo, hasta el punto de generar grandes moshpits de la mano de clásicos como “Take No Prisoners” o “The Conjuring”. A resaltar la recuperación de esta última y “My Last Words” ambos cortes pertenecientes al segundo trabajo de la banda, “Peace Sells… But Who’s Buying”. Como es habitual, contaron con reproducciones visuales acordes a las letras políticas y sociales de la banda, lo cual aportó un importante plus a su show. El sonido mejoró en la segunda mitad del concierto con “She Wolf” y la aclamada “Tornado of Souls”, pero las guitarras siguieron sonando demasiado estridentes. Hace cuatro años pudimos verlos en el mismo escenario y, en comparativa, el pasado fue un concierto más dinámico y enérgico. A pesar de que Mustaine y Ellefson hayan reforzado sus filas con jóvenes músicos de gran nivel, el tiempo pasa factura para los más veteranos.

Aunque no para todos, ya que SUFFOCATION llevan casi 30 años atronando los escenarios y no parecen haber perdido un ápice de vigor y excelencia. A pesar del paso del tiempo, los neoyorquinos mantienen un espléndido estado de forma y siguen ofreciendo auténticos recitales de técnica, ejecución y presencia escénica. Lo más remarcable es sin duda la capacidad de Terrance Hobbs y compañía de sonar de forma tan clara tocando riffs tan veloces y técnicos, lo que produce una automática explosión de júbilo entre aquellos que presencian su portentoso show. El público, emocionado, no paraba de vitorear entre clásicos como “Breeding the Spawn” y “Pierced from Within”, rendido ante la excelencia del quinteto. Ni la partida de Frank Mullen, por triste que sea, puede con el mastodóntico poderío de la banda. Fue un concierto para quitarse el sombrero.

Y seguidamente asistiríamos a otra de las actuaciones más memorables del fin de semana. Los noruegos LEPROUS dieron el salto definitivo ante el público metálico con su anterior álbum, “The Congregation” y ahora presentan “Malina”, un giro a sonidos más cercanos al pop, aunque manteniendo la esencia progresiva que siempre los ha caracterizado. Ejecución, sonido, iluminación… la excelencia se notó en todos los frentes, y su habilidad para conjugar ritmos irregulares con pasajes extremadamente pegadizos arrancó incluso los aplausos del más escéptico. Muestra de ello fueron perlas como “Illuminate”, “The Flood” o “The Price” que encandilaron a los allí presentes y fueron coreadas hasta en los pasajes de tempos más complejos. Desgraciadamente, lo que se antojaba como final dorado con la melancólica “Slave” quedó deslucido por un error del festival, ya que la organización cortó el sonido a la banda un minuto antes de lo estipulado, viéndose los noruegos obligados a concluir la canción y el apoteósico show solamente con el sonido interno del escenario. Inicialmente el público se desconcertó y pitó, pero al entender lo ocurrido aplaudió y reconoció la compostura de la banda. A pesar de los pesares, emotividad y calidad se juntaron en uno de los conciertos más exquisitos del festival.

Turno para reponer fuerzas y llenar el estómago con TURNSTILE de fondo, los estadounidenses presentaban su desafiante propuesta ante una carpa muy poblada y con buen sonido, lo cual tiene mérito considerando que el mayor punto de atención del día se encontraba en esos momentos en el escenario principal. Acontecimiento del que nosotros también quisimos ser testigos, aunque fuera con brevedad. Cuando nos acercamos al abarrotado Main Stage SCORPIONS se encontraba interpretando la dulce “Send Me An Angel”. Sonido e iluminación espléndidas y un conjunto en forma musicalmente, no podía esperarse menos de una de las bandas más grandes de la historia del rock que, todo sea dicho, anunció su despedida hace seis años y todavía hoy sigue dilatando su adiós definitivo. A continuación todo un clásico, “Winds of Change” hizo gozar a todos los allí presentes, guiño a los españoles inclusive, al interpretar varias líneas de la canción rescatadas de la versión en castellano. Al día siguiente supimos que los alemanes homenajearon a Lemmy e incluso se atrevieron con una versión del clásico de Motörhead, “Overkill”, aprovechando la actual presencia bajo los parches del incombustible Mikkey Dee.

Pero nosotros abandonamos la zona mucho antes, al ritmo de “Tease Me, Please Me”, para acudir al Desert Stage a disfrutar de CROWBAR. El cuarteto encabezado por Kirk Windstein atronó el lugar con su musculoso sludge y un repertorio especial, ya que, aprovechando el 20 aniversario del quinto y más emblemático trabajo de la banda, “Odd Fellows Rest”, el cuarteto de New Orleans interpretó bombazos como “…And Suffer as One”, “To Carry the Load” o “1.000 Year Internal War”. Gozaron de un espléndido sonido, que hizo justicia a su inmensidad rítmica e hicieron gozar a un público que ya comenzaba a notar los primeros estragos del frenético ritmo musical y festivo del evento. Cabe resaltar que el nuevo material de la banda cuaja excelentemente entre las piezas clásicas, muestra de la ejemplar constancia y coherencia que Windstein y compañía siguen manteniendo tras tres décadas de andadura.

Y vuelta al escenario principal, ya que era el turno de ANGELUS APATRIDA, la banda estatal que más expectativas lleva generando durante los últimos años por mérito propio y, más recientemente, por su espléndido nuevo álbum “Cabaret de la Guillotine”. No obstante, el mal sonido fue protagonista en los primeros compases de su actuación, la batería se comió a las guitarras, altas en volumen pero no al mismo nivel, lo cual produjo una gran bola de graves que nubló la musicalidad de las canciones y la virtuosa ejecución del cuarteto albaceteño. Cabe destacar que no es fácil preparar una presentación digna a contrarreloj y mantener el barco a flote al lesionarse tu propio baterista. Esto produjo los inevitables desajustes sonoros iniciales, pero Adrián Perales, encargado de las baquetas también en la banda valenciana In Mute, cumplió con creces. De todos modos, tras la interpretación de “Sharpen the Guillotine” retornamos al Desert Stage, donde otro de los conciertos más fascinantes de la jornada aguardaba como guinda del pastel del segundo día.

Sentados por agotamiento o de pie por respeto, la audiencia presenciando a GOD IS AN ASTRONAUT abrazó el viaje astral que proponían los irlandeses, ayudado por la estelar iluminación, elemento tan importante como la propia música en una actuación que incita al espectador a sumergirse en un universo paralelo. El cuarteto rescató las canciones más significativas de todas sus etapas para conjurar al respetable entre melodías profundamente melancólicas y ambientaciones pacíficas. El show no hubiera sido ni la mitad de espectacular si la banda hubiera tenido que actuar, por ejemplo, en el lugar de The Contorsionist, a la tarde y a pleno sol, por lo que, en este caso, se debe reconocer el acierto de programación de la organización. No pudimos más que rendirnos ante la evidencia, disfrutar y aplaudir reiteradamente ante el fascinante recital del grupo proveniente de los frondosos bosques irlandeses de Wicklow.

SÁBADO, 14

Arrancamos el último día del festival a ritmo de death metal de la mano de APOSENTO. El veterano quinteto riojano dispuso de un sonido nefasto, excesivamente grave, lo cual produjo que la claridad de los riffs más rápidos se perdiera completamente. El conjunto en su haber no llegaba a ser totalmente inteligible, y eso empañó lo que debería de haber sido uno de los conciertos señalados para los death metaleros, referentes estatales con 28 años de andadura a las espaldas. La banda basó el repertorio en su segundo disco de larga duración, “Bleed to Death”, que se caracteriza por una portentosa embestida de death de la vieja escuela, donde los riffs más veloces se entremezclan con vastos medios tempos que traen a la memoria a los grandes nombres del género. Pero cuando el sonido no está de tu lado…

Justamente lo contrario de lo que sucedió con BELLAKO. El quinteto catalán gozó de un excelente sonido y tanto su certera ejecución como su apasionada actitud hicieron el resto. Ofrecieron un concierto muy sustancioso, con las tablas adquiridas a través de girar y patearse el Estado español de arriba a abajo, lo cual resultó en la más que merecida recompensa gallega. El amplio seguimiento generado gracias a los años de trabajo se notó en la acalorada respuesta del público, quien no paró de bailar violentamente durante su actuación. Un tremendo wall of death al final del concierto abrió al público en canal hasta la mesa de sonido, pero antes el bajista subió el listón del espectáculo al subirse él mismo a una de las torres que sostiene el escenario, además de actuar cual poseso aupado por la gente literalmente. Tras la extensiva presentación de “Extinction”, la banda se sumergirá ahora en una etapa aún más ambiciosa con su próximo disco, “Demonios”. Fue, sin lugar a dudas, uno de los grandes conciertos del día.

Seguidamente ANTEROS ofreció en el Desert Stage una refrescante mezcla de emotividad y brutalidad con la melodía como eje central. Las guitarras limpias y ambientales daban paso a partes de distorsión más melancólicas, y la propuesta de la banda cuajó muy bien entre la discreta audiencia vespertina, aún más en dicho tramo final del festival, cuando el cansancio y la saturación provocada por el constante influjo de conciertos comenzaba a apoderarse de los asistentes. Canciones como “Polaris” o “Coventa” dieron muestra del buen hacer del grupo establecido en Barcelona. Conjunto a tener en cuenta en el futuro.

Otro de los shows retornantes que más expectativas generó entre el público fue el de FRANK CARTER & THE RATTLESNAKES. El buque comandado por el inigualable ex vocalista de Gallows podría equipararse a una máquina humeante, donde las piezas del engranaje tratan de romper sus límites, hasta el punto de chispear con furia a todo lo que las rodea. Carter y compañía volvieron a mostrar su destreza ejecutiva y compostura escénica, a lo que se debe sumar un sonido francamente bueno, nítido y portentoso. “Jackals” sirvió para crear un enorme circle pit que, haciendo frente al realizado por Heaven Shall Burn en 2015, dio la vuelta a la torre de sonido del Main Stage; al final de “Juggernaut” Carter se aupó de pie entre el público, sostenido por un mar de manos que le sirvieron a continuación para hacer el pino y concluir la canción gritando arropado por los fervientes seguidores; y la conclusiva “I Hate You” combinó la rabia lírica con la emocional melodía para rasgar las gargantas de los allí presentes y poner un broche de oro a un concierto fervientemente vitoreado, que generó uno de los consensos favorables más amplios entre seguidores de diversas vertientes del metal y el hardcore.

El de IGORRR prometía ser otro de los shows más memorables del festival y el resultado, aunque con cierto reparo, estuvo a la altura de las expectativas. La banda francesa, original a más no poder, volvió a mostrar su amplitud de miras y ausencia de todo límite creativo a través de la frescura de su música, mezcla única e inigualable de flamenco, dubstep y todo lo que existe entre medias, respaldado a su vez por guitarras y bajos disparados que convergían con el resto de sonidos y enriquecían la ya de por sí elaborada amalgama de pasajes armónicos, “Opus Brain” y “ieuD”, sendos cortes de su disco más reciente, “Savage Sinusoid”, son buen ejemplo de ello. Causó sensación su apasionada actitud, con una banda entregada de forma absoluta sobre el escenario, comandada por el DJ y cerebro principal tras el proyecto, e impulsado por el dinamismo que aportan dos vocalistas al frente del tablado. Mientras la voz femenina desgranaba el canto lírico, la masculina se basó en labores guturales, pero ambos intercambiaron roles a lo largo de la actuación, lo cual aportó aún más diversidad y emotividad si cabe a la propuesta conjunta. De todos modos, faltó un ingrediente fundamental: silencio y mayor respeto por parte del público hacia la propuesta de la banda, para que su actuación desembocara en una experiencia más inmersiva.

Pero si hablamos de conciertos memorables, en el podium del festival estaría, sin duda, el de PROPHETS OF RAGE. Cuando miembros de Rage Against the Machine, Audioslave, Public Enemy y Cypress Hill se juntan en un proyecto común, el disfrute colectivo está asegurado. La banda comandada por Tom Morello generó un ambiente festivo irresistible y desató el furor colectivo mediante su acertadísima ejecución y tremenda mezcolanza de rap y metal. El público saltaba, bailaba, vitoreaba… la fiesta fue absoluta entre el gentío congregado frente al Main Stage. Además de canciones propias de su, por ahora, único trabajo de larga duración, la banda rescató joyas de los diferentes grupos en los que han militado los miembros de “Prophets”, pero la euforia se maximizó al ritmo de los grandes clásicos de Rage Against the Machine. “Testify”, “Bullet in Your Head” y “Bulls on Parade” fueron recibidas fervientemente, mientras que Morello capitalizaba la atención del público mediante sus solos con dientes, cejilla, cables… precisamente en uno de esos solos, el guitarrista neoyorquino giró la guitarra y todos los allí presentes visionaron el mensaje que escondía en su parte trasera: “Fuck Trump”, recibido entre aplausos y vítores. El resto de la banda también se mostró en plena forma, a fin de cuentas se trata de grandes eminencias de otros grupos clave en el género, aunque el aplauso más sonado se lo llevó una y otra vez la propia música, gracias a la energía vital que sus himnos protesta siguen transmitiendo a día de hoy. En la final “Killing in the Name” una pantalla mostró el mensaje “Make España Rage Again” y la voz de Frank Carter se sumó a la fiesta para cerrar el espectáculo por todo lo alto. La despedida con “Muchas gracias, Barcelona” fue el único desliz de la banda, que no se dio cuenta de dónde se encontraba incluso tras los insistentes gritos del público coreando el nombre de Viveiro.

Vuelta a la brutalidad con THY ART IS MURDER. El quinteto australiano volvió a demostrar su tremenda capacidad para romper los cuellos de los fans del death metal más extremo mediante un show en el que brillan el musculoso sonido y la virtuosa ejecución de gran parte de la banda. Los pasajes puramente rítmicos sonaron atronadoras, pero también estuvieron a la altura en las partes melódicas, donde las guitarras se desenvuelven a dos voces y a gran velocidad. Sin embargo, no fue el mejor día del baterista Lee Stanton, que se vio superado en las partes de bombo más rápidas, lo cual desembocó en una interpretación por momentos atropellada. Esta vez sí, con Chris “CJ” McMahon a las voces, el grupo repitió por segundo año en el festival gallego, muestra del buen sabor de boca que dejaron en la pasada edición. También fue memorable el momento en el que los Resukids tomaron el escenario, dinámica que se repitió en varias ocasiones durante el fin de semana, pero que en este caso adquirió un cariz aún más hilarante, al poder presenciar a todos los niños saltando, haciendo headbanging y disfrutando al ritmo de los bestiales blast beats y breakdowns de la banda, versión del clásico de Rammstein, “Du Hast”, inclusive.

Y sin tiempo casi ni para tomar un respiro llegó otro de los momentos más señalados del festival. Desde primera hora del día, personas con la cara pintada fueron multiplicándose en los aledaños y el propio recinto del festival, y es que nadie quería perder la oportunidad de ver a KISS en Viveiro. La emoción de estar a punto de presenciar a una de las grandes leyendas del rock atrajo hasta a los más escépticos, ya que, a fin de cuentas, se trata de una banda que llegó a lo más alto y marcó un antes y un después en todo lo que se refiere al espectáculo rock. Sin embargo, precisamente eso es lo que queda de ellos, o lo que falta según el prisma con el que se mire. El grupo tomo el escenario de forma espectacular a ritmo de “Deuce” y “Shout it Out Loud”, liderado por un Gene Simmons muy en forma vocalmente, todo lo contrario de Paul Stanley, quien se limitó a desempeñar un papel circunstancial y transmitió la sensación de estar allí de paso, incluso en sus momentos de mayor protagonismo. Probablemente, la banda esté cansada de hacer el mismo teatro una y otra vez, año tras año, y es que, aceptémoslo, eso es lo que queda al final, un grupo que no sería ni la mitad de exitoso ni significativo para la historia del rock si la limitáramos a lo puramente musical y dejáramos el espectáculo fuera de la ecuación. Si a ello le sumamos los reiterados y excesivamente dilatados parones entre canciones, haciendo corear al público una y otra vez o jactándose de su presencia en el Hall of Fame del rock, un servidor prefirió ir a cenar y descansar, para afrontar la recta final del festival con la mayor energía posible, ya que todavía quedaban por presenciar bandas sensacionales y mucho más en forma.

El descanso para cenar coincidió con el final de la actuación de ZEBRAHEAD en el Chaos Stage, tiempo suficiente para ser testigos de la fiesta paralela que se estaba llevando a cabo en la carpa. A pesar de que el foco principal se encontraba en ese momento en otro lado, el quinteto californiano gozó de una entregadísima audiencia, que disfrutó de forma recíproca del buen sonido y las pegadizas melodías de la banda. El público coreaba cada una de las canciones y el colofón final llegó en la despedida con “Anthem”, todo un clásico del punk rock que fue vitoreada por todos los allí presentes.

Antes de decir adiós al festival, volvimos a visitar por última vez el escenario que mejor sonó durante todo el fin de semana. Hay vida en el rock más allá de Kiss y STONED JESUS lo ratificó con su vasta pero a la vez melódica ración de stoner. El trío ucraniano ha causado sensación en los últimos años gracias a su enérgico directo y su actuación en Viveiro no fue para menos. La banda se encuentra en plena forma y la mezcla de sus riffs más pesados con una voz cristalina y unos pasajes instrumentales ricos en armonía entraron como un soplo de aire fresco a una audiencia que se batallaba entre entregarse por última vez o tumbarse en el suelo y darse por rendida. Entre canciones la pirotecnia de las leyendas neoyorquinas sonaba casi tan fuerte como los riffs del trío ucraniano, hecho que se tomaron con humor y una breve pero traviesa versión de “I Was Made for Loving You”, dedicada al propio Resurrection Fest. El concierto fue directo, divertido y satisfactorio, y su actitud fue la máxima responsable de generar una fuerte conexión entre banda y público. “Rituals of the Sun”, “Electric Mistress” y “I’m the Mountain” fueron las más vitoreadas y, además, la banda hizo lugar en el repertorio a una nueva canción que irá incluida en su próximo trabajo. Fue un lujo poder disfrutar de ella por primera vez en la península.

Y para finalizar qué mejor que una buena dosis de thrash metal de la vieja escuela. Todo hacia pronosticar que el concierto de EXODUS resultaría difícil de acometer en lo que respecta a energías, ya que el público se encontraba agotado a más no poder, pero el respetable sacó fuerzas de donde parecía no haberlas y calentó el ambiente sobremanera mediante un circle pit constante que no cesó hasta la última nota del concierto. La vieja guardia de la Bay Area resiste todavía hoy con mucha fuerza y, como detalló el propio vocalista Zetro, a pesar de ser el concierto número 31 de la gira, dieron un auténtico recital sobre las tablas. Además, esta haya sido probablemente la última actuación en la península con el actual guitarrista, sustituto del emblemático Gary Holt, de quien se espera su retorno tras el inminente fin de Slayer. Aunque la banda raya a gran nivel sin Holt, su ausencia se nota inevitablemente a la hora de establecer una conexión más pasional con el público. De todos modos, el propio Zetro cubre ahora ese papel, cada vez más cómodo liderando al quinteto desde su retorno con el disco “Blood In, Blood Out”, incluso imitando y respetando las líneas vocales del legendario Paul Baloff en el material más antiguo. Canciones de su último trabajo dieron el pistoletazo de salida al concierto, pero los viejos clásicos fueron los que verdaderamente generaron el júbilo entre el público. Los californianos ofrecieron un concierto robusto, con fisuras puntuales generadas por confusiones ejecutivas como la accidentada (aunque magistralmente solventada) entrada de “Toxic Waltz”, pero, sobre todo, con un gran sonido donde destacó el poderío de las guitarras en las partes a medio tempo. La precisa ejecución del quinteto en conjunto hizo que cortes como “Blacklist”, “Parasite” o “And Then There Where None” atronaran con gran vigor, aunque el momento cumbre llegó una vez más con el wall of death final de “Strike of the Beast”, donde el respetable dio rienda suelta a la locura por última vez.

Gran forma de finalizar la última jornada y el propio festival, que estuvo repleto de momentos memorables, conciertos de gran nivel y una amplísima amalgama de estilos. El RESURRECTION FEST no para de crecer, pero la combinación de grandes nombres con el amplio espacio del que disponen las bandas estatales es un elemento diferenciador a preservar, por su supuesto, junto a la propia experiencia y el espíritu del festival. Recordémoslo una vez más, el evento gallego es grande por que, en cierta manera, se mantiene pequeño y esperemos que, dentro de la evolución, mantenga sus señas de identidad intactas, para el bien de todos. Muchos lo tildan como el mejor festival estatal, afirmación que difícilmente podemos sostener sin atestiguar y comparar el resto de principales eventos musicales que representan su competencia directa. Lo que tenemos claro es que, desde el propio viaje de vuelta a casa, no pensamos en otra cosa: ¡Hasta el año que viene!

Texto: Mikel Yarza

Fotos: Itsaso Urkia


 

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