PARADISE LOST. Crónica y fotos

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ParadiseLost@Wacken2017

PARADISE LOST

Fecha: 25 de octubre de 2017 Lugar: Sala Santana 27, Bilbao

A diferencia del heavy clásico, el thrash o el death metal, el doom y las vertientes que la acompañan nunca han gozado de la misma popularidad en tierras vascas y, consecuentemente, tampoco han logrado aglutinar a un público tan amplio como el resto de subgéneros metálicos citados. No obstante, actualmente existe en el circuito internacional una poderosa corriente de bandas jóvenes que aboga por los sonidos más pesados, con ambientaciones desesperanzadoras y melodías memorables como principal seña de identidad. Por todos es conocida la aportación de los ingleses PARADISE LOST a la hora de fusionar doom y death metal para dar pie a una nueva rama en el árbol genealógico del metal, igual que su posterior alejamiento de estos sonidos para dar rienda suelta a la experimentación en terrenos tan variados como el thrash, el metal industrial o el pop. Por todo ello resultaba apetecible esta triple cita que hacía su paso por Bilbao, amparada bajo los cada vez más habituales eventos Route Resurrection, celebrados en paralelo al principal evento del festival gallego en verano.

Lamentablemente, infortunios de transporte nos imposibilitaron acudir a la sala desde el inicio, lo cual produjo la pérdida en su integridad del concierto de Sinistro, el quinteto portugués encargado de abrir la velada. Es por ello que la siguiente crónica cubre los conciertos de Pallbearer y Paradise Lost. Nadie duda de que PALLBEARER sea una de las bandas más en forma del actual panorama doom. Su marcado toque rock y sus composiciones, llenas de melodía y dinamismo en cuanto a la intensidad sonora se refiere, otorgan al cuarteto estadounidense una personalidad propia que muchas bandas del género carecen. Presentaban su flamante álbum, “Heartless”, en el que basaron gran parte de su repertorio, lo cual, a pesar de entendible, pudo resultar frustrante para los seguidores que pretendían disfrutar de un abanico de cortes más variado en lo que a sus primeros dos discos se refiere. Debemos tener en cuenta que la banda brilla especialmente en sus canciones más longevas y el limitado tiempo con el que contaban lastró su interpretación. De todos modos,  se mostraron espléndidos desde el mismo inicio, gozaron de un excelente sonido durante toda su actuación y deleitaron a los allí presentes con una ejecución conjunta impoluta. Las gloriosas armonías a través de melodías dobladas de joyas como “Foundations” o la final “Foreigner” están sustentadas por una robusta sección rítmica y la sensación resultante no es otra que la de un tren embistiendo lentamente pero con pleno poder sobre nuestros cuerpos. Uno de esos conciertos que tardaremos en olvidar.

Y seguidamente llegó la hora de PARADISE LOST. La trayectoria del quinteto inglés siempre ha estado marcada por el cambio constante, la experimentación y la no conformación. Esto es aún más reseñable si tenemos en cuenta que, a excepción de las responsabilidades percusivas, el resto de puestos de la banda se han mantenido intactos desde su propia fundación, muestra del poderoso lazo que une a los cuatro integrantes originales en torno a este ambicioso y arriesgado proyecto. Sin embargo, todo sea dicho, la publicación de “The Plague Within” en 2015 sirvió al grupo para retornar gradualmente a su sonido originario, camino por el que siguen transcurriendo en su último trabajo, “Medusa”, y en su presente gira de presentación.

Durante su actuación sonaron canciones de esta etapa reciente como la inicial “From the Gallows”, “Blood and Chaos” o “An Eternity of Lies”, a la vez que una amplia recolección de sus canciones más pegadizas como “One Second”, “Erased” y “Faith Divides Us, Death Unites Us”. La mezcla de vertientes tan diversas en un mismo repertorio no es más que la muestra del espíritu ecléctico de la banda y de su destreza a la hora de elaborar un hilo coherente que dé sentido tanto al concierto que ofrece al público como a su propia trayectoria. Cabe mencionar que, lejos de proponer una concatenación de dicho conjunto, la banda paraba a la finalización de cada uno de los temas interpretados, lo cual evidenció que, a pesar de mantener el músculo para ofrecer un concierto digno, Nick Holmes y compañía no está ya para grandes trotes. Las clásicas “As I Die” y “True Belief” dieron paso a que el quinteto se despidiera del público, pero por todos era sabido que aún quedaban varias joyas en el tintero, por lo que los ingleses no tardaron en volver al escenario. El triple bis, con las vitoreadas “No Hope In Sight”, “The Longest Winter” y “The Last Time” fue el perfecto reflejo de las diferentes etapas de la banda y un acertado resumen de lo acontecido a lo largo de su actuación. Correcto pero sin llegar a ser memorable.

Como nota positiva cabe destacar que la afluencia al evento fue digna, aun siendo menor de lo habitual en las grandes citas metálicas celebradas en la bilbaína Sala Santana. Cabe dar las gracias, por tanto, al Resurrection Fest por abrir cada vez más su abanico de programación musical y facilitar la oportunidad de presenciar giras que, lamentablemente, son cada vez más escasas por estos lares. Esperamos que esta apuesta por el doom no sea un oasis en el desierto.

Texto: Mikel Yarza

Fotos: Iñigo Malvido (Wacken 2017)

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