HELLFEST 2015. Crónica y fotos

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HELLFEST OPEN AIR – 2015 – 19/21 de junio

Con los últimos días de junio, llega la hora de poner rumbo a Clisson para asistir a uno de los festivales que, por méritos propios, se ha convertido en un referente prestigioso de la escena metálica, el Hellfest Open Air. El evento galo, premiado nuevamente como mejor festival internacional por los lectores de la revista y que esta vez celebraba su décimo aniversario, se distingue por la especialización, ya que en sus seis escenarios abarca una gran diversidad de estilos; desde las carpas de Altar y Temple, centradas en el death y el black metal respectivamente, hasta el Warzone, donde priman los sonidos punk y hardcore, pasando por el Valley, protagonizado por el stoner en todas sus vertientes y sin olvidar los escenarios principales, que combinan todo ello mediante bandas de mayor renombre.

Además de la ampliación en los puestos de comida y bebida, cabe destacar el paso de gigante que ha dado el festival en lo referente al resto de servicios; el número de baños y zonas con fuentes de agua ha aumentado considerablemente, el terreno más consistente ha aguantado con eficacia el paso del gentío durante los tres días de festival, los escenarios están mejor conectados, el nuevo método de entrada al recinto ha mejorado las medidas de seguridad… Tras encadenar varios años con carteles al más alto nivel, que esta vez los avances más significativos hayan sido realizados en lo referente a la infraestructura es una decisión muy acertada por parte de la organización.

VIERNES, 20

La banda con la que arrancamos el festival fue SYLOSIS. Los británicos dieron el pistoletazo de salida con “Dormant Heart”, corte que da título a su nuevo álbum y que muestra por qué son uno de los referentes del thrash contemporáneo. Le siguieron “Fear the World” y “Mercy” que, aunque sirvieron para sumergir al público en la tónica del concierto, fueron eclipsadas por el mal sonido, dominado por los graves y falto del poderío de guitarras que demandan sus canciones de exquisitez técnica e inspiradas melodías. La genial “Teras” equilibró la balanza y desató los primeros pogos en las filas delanteras, pero el frenesí apenas duró, ya que no tardaron en retomar su vertiente más pesada con “Servitude” y “Leech”. A pesar de que el final con “All Is Not Well” y “Empyreal” deleitó a todos los allí presentes, nos dejaron con una sensación agridulce debido al enfoque que optaron dar a su breve repertorio.

La primera actuación que presenciamos en el Temple fue la de ENTHRONED. Los belgas salieron con todo desde el principio, atronando la carpa con su diabólico black metal al ritmo de “Of Shrines and Sovereigns” y “Through the Cortex”. Los apabullantes blast beats y ritmos de doble pedal taladradores fueron una constante durante una actuación que, a pesar de ser al mediodía, funcionó en el aspecto escénico, logrando sumergir al público plenamente en sus oscuras ambientaciones. Las guitarras pudieron sonar con mayor claridad, pero su vocalista Nornagest intentó involucrar al público en el show reiteradamente mediante ánimos efusivos y se despidieron entre vítores con “Evil Church” y “Of Feathers and Flames”.

Seguidamente SHAPE OF DESPAIR se disponían a trasladar el Altar a las profundidades de las cavernas mediante su atmosférico funeral doom. Gozaron de un sonido claro y nítido, pero en tres canciones su propuesta resultó excesivamente lineal y soporífera, por lo que abandonamos el lugar en busca de energía, la cual topamos en el Valley de la mano de TRUCKFIGHTERS. Los suecos se encontraban triunfando ante una carpa eufórica y hasta los topes, que vitoreaba la entrada de cada riff y explotaba ovacionando el final de las canciones. La conexión entre banda y público en torno a su rock psicodélico fue absoluta y provocó que, tras el final con “Helium 28” y “Desert Cruiser”, todos los allí presentes se fueran con una sensación de felicidad y energía positiva extrema que se reflejó en la gran sonrisa de los asistentes.

Pocas son las ocasiones para poder ver a GODSMACK en directo por Europa, por lo que su concierto era uno de los más esperados entre los seguidores del rock alternativo. Desde las iniciales “1000hp” y “Cryin’ Like a Bitch” demostraron su poderío mediante riffs de enérgico groove que, respaldados por el portentoso sonido pusieron a saltar al respetable. Los vítores aumentaron al ritmo de los pegadizos estribillos de “Awake”, “Something Different” y “Keep Away” y la banda lo aprovechó para animar al público a corear melodías entre canciones en repetidas ocasiones. Aunque el tramo final decayó debido al uso vehemente de esta fórmula, se despidieron por todo lo alto con su canción más memorable, “I Stand Alone”.

La primera gran cita en el Valley corrió a cargo de HIGH ON FIRE que, a pesar de comenzar a medio gas y con un sonido desequilibrado, crecieron progresivamente a medida que los riffs más pesados iban tomando vigor. Apostaron por dar un ritmo intenso al concierto, anteponiendo la música a la comunicación con el público y, aunque les costó más de lo esperado, los mastodónticos ritmos de “Rumors of War” o “The Dark Side of the Compass” convencieron a los espectadores de la valía de su gran ejecución, certera y sin fisuras. Con los americanos todavía atronando la carpa, tocaba volver a los escenarios principales para ser testigos del final de actuación de los legendarios thrashers SODOM. El trío encabezado por Tom Angelripper se encontraba en plena carnicería, desatando la locura a ritmo de los riffs desenfrenados de “Sodomy and Lust”, “City of God” y “Agent Orange”. Los pits se sucedían uno tras otro, aunque la actuación de la banda pudo ser mejor en el aspecto puramente musical. Sorprende que, a pesar de dar vida a discos tan brillantes como “In War and Pieces” y “Epitome of Torture”, la nitidez no sea la misma a la hora de defenderlos en directo.

MOTÖRHEAD fueron los siguientes en subir a las tablas. Mucho se ha hablado últimamente del estado de salud de Lemmy y de cómo la banda está abocada al retiro debido a ello, frente a lo cual no cabe mejor medicina que una ristra de clásicos. Desde “Shoot You in the Back” hasta “Overkill”, nos deleitaron con catorce piezas de rock atemporales frente a las cuales no queda otra que disfrutar. Puede que al señor Kilmister no le queden muchas batallas por librar encima de las tablas, pero el espíritu de seguir sobre ellas hasta que el cuerpo diga basta es algo que se transmite de forma tan poderosa que hace olvidar los desbarajustes que pudiera tener en temas como “Metropolis” o “Going to Brazil”, sacados adelante gracias a la inconmensurable labor de la banda que lo respalda.

El fantasma sonoro volvió a acechar cuando LAMB OF GOD asaltaron el Main Stage II. “Desolation”, “Ghost Walking” y la recientemente publicada “512”, que hace referencia al número de celda en la que Randy Blythe pasó sus días de encarcelamiento en Praga, obtuvieron un sonido pésimo, con guitarras ininteligibles y volumen excesivo de los bombos de la batería de Adler. Tras una leve mejora, “Walk with Me in Hell” trasladó el caos de los altavoces al frente del escenario, donde los seguidores más entregados comenzaron a realizar inmensos circle pits. La locura se intensificó con las aplastantes “Ruin” y “Set to Fail”, aumentando el sentimiento de simbiosis entre banda y público al máximo. El encadenamiento de sus canciones más celebradas no hizo más que aumentar el grado de frenetismo de su actuación con joyas como “Hourglass” y “Now You’ve Got Something to Die For”, hasta el colofón final con nada más y nada menos que “Laid to Rest, “Redneck” y “Black Label”. Aunque el sonido pudo ser mucho mejor, esta vez la actitud hizo el resto.

Varias son las bandas de rock clásico que, a pesar de ostentar una gran reputación gracias a glorias pasadas, han fallado en un sentido u otro a la hora de triunfar en el festival. Con la espectacularidad y el show escénico como principales reclamos, ALICE COOPER tenía muchas papeletas para caer en esa misma categoría, pero, nada más lejos de la realidad, la banda salió a por todas desde el comienzo con “Department of Youth”, “No More Mr. Nice Guy” y “Under My Wheels”. Además del espléndido sonido inicial, pudimos ver a un Cooper pletórico en el apartado vocal, algo insólito y digno de admiración tratándose de alguien que abarca cinco décadas a sus espaldas en el mundo del rock. Entre geniales solos de batería y guitarra que mostraron la destreza del resto de componentes que forman la banda, las emblemáticas “Hey Stoopid” y “Welcome to My Nightmare” aumentaron el furor entre el público a un nuevo nivel.

El espectáculo prometía, pero la llamada del Valley era igual de intensa, ya que una de las bandas de metal más originales y transgresoras del nuevo siglo estaba a punto de deleitarnos con su propuesta. En el mismo instante en el que MASTODON saltaron sobre el escenario con “Tread Lightly” y “Once More ‘Round the Sun” la euforia se apoderó de todos los allí presentes. Las ambientaciones supremas y ritmos progresivos del cuarteto de Atlanta poseen esa capacidad singular de transportar al que escucha su música a horizontes difícilmente alcanzables de otra forma. A pesar de que basaron el set en sus últimos dos discos, también hicieron lugar a la joya instrumental “Bladecatcher” y las ya clásicas “Megalodon” y “Crystal Skull”. Uno de los mejores conciertos de todo el festival, sin lugar a dudas.

A estas alturas, son ya muchas las ocasiones en las que hemos podido presenciar el poderío de JUDAS PRIEST sobre los escenarios. Tras el amago de despedida, su nuevo pero no tan inspirado disco ha resultado menos atractivo de lo que algunos habían previsto, ante lo cual a la banda no le queda otra que seguir rememorando los eternos clásicos, que desengranaron desde el inicio de la actuación. Tras la imprescindible “Metal Gods”, “Devil’s Child” sirvió para poner en evidencia las limitaciones vocales de Rob Halford, que llegaba muy forzado a los tonos más agudos. No obstante, para sorpresa de todos, apostaron por seguir con una de sus perlas más antiguas y elaboradas, “Victim of Changes”, lo cual es de agradecer, ya que lo fácil hubiera sido apostar por temas más asequibles, tanto para público como banda.

No obstante, un concierto exquisito estaba a punto de tener lugar en el Altar de la mano de MESHUGGAH. Los suecos, únicos en su estilo, dieron una lección magistral de contundencia y precisión ejecutiva. Su inconfundible sonido y características polirritmias en canciones como “Future Breed Machine” o “Bleed” fueron respaldados por un espectacular juego de luces en acorde con los golpes de batería. La absoluta precisión con la que llevaron a cabo su cometido fue reconocida por los asistentes con sonoras ovaciones al final de cada canción. Inmejorable modo de dar por finalizada la primera jornada.

SÁBADO, 21

El segundo día también comenzó en los escenarios principales. Los londinenses HAKEN fueron los primeros en saltar a las tablas para deleitarnos con su elegante propuesta de metal progresivo, basado en composiciones que rondan los diez minutos, debido a lo cual solamente pudieron interpretar tres canciones de su disco “The Mountain”. Aunque la brevedad de su actuación nos dejó con la miel en los labios, la originalidad compositiva y delicadeza interpretativa de cada uno de sus componentes es digna de elogio. Una banda que todo amante de los sonidos progresivos debería tener muy en cuenta.

BUTCHER BABIES fueron los siguientes en tomar el tablado. Como habitualmente, realizaron un show muy enérgico, con toda la banda saltando al ritmo de los riffs de “The Mirror Never Lies” o “Monster’s Ball”. Si bien toman la base rítmica como pilar de su poderío, su concierto funciona sobre todo por el impulso que aporta el dúo vocal femenino, que combina voces limpias con sendos gritos guturales. El ambiente inicial no fue excesivamente efusivo debido al tempranero horario, pero las primeras filas acabaron enfervorizadas, aunque viendo la conducta de varios asistentes quedó en entredicho si se encontraban allí por la música o por el atractivo de las dos chicas. De lo que no cabe duda es que todavía queda un largo camino por recorrer hacia el respeto y la igualdad de género en el metal.

Bajo un sol abrasador, los irlandeses THE ANSWER trasladaron la energía del rock al Main Stage I mediante una impetuosa actuación que estuvo acompañado desde el principio por el gran sonido. Esto provocó que canciones como “Spectacular”, “Red” o “Last Days of Summer” tuvieran una gran acogida entre los asistentes más tempraneros, que saltaron y bailaron animados por el carismático vocalista Cormac Neeson, que no paraba de trasladarse de un lado al otro del escenario, incluso se adentró entre el público en la final “Raise a Little Help”, caldeando el ambiente al máximo y ganándose con creces la ovación final.

Por su parte, los finlandeses GHOST BRIGADE ofrecieron su particular mezcla de pesadas ambientaciones y atmósferas épicas mediante un set en el que mezclaron canciones de su último trabajo “One with the Storm” con los temas más ilustres del resto de su discografía como “Into the Black Light”, “Clawmaster” o “Secrets of the Earth”. Desgraciadamente, el sonido no fue lo suficientemente nítido y privó al personal de disfrutar de su actuación como lo hubiera hecho de haber sido en un ambiente más intimista como el de la carpa, donde la oscuridad y el juego de luces hubieran dado un aura aún más melancólica a su actuación. A pesar de todo, la gran labor de cada uno de los músicos y la acertada mezclada de melodías de guitarra y teclados a favor del poderío ambienta fue incuestionable.

Cambiando completamente de registro, ONSLAUGHT pusieron el Altar patas arriba con su thrash rápido y directo. Aunque siempre han sido una banda de segunda línea en lo que refiere a popularidad, mostraron su valía con creces mediante una actuación impoluta, en la que combinaron nuevos bombazos como “Killing Peace”, “66 Fucking 6” y “The Sound of Violence” con clásicos como “Metal Forces” y “Power From Hell”. La nitidez de las guitarras y los impecables agudos de Sy Keeler provocaron que los circle pits fueran constantes durante toda su actuación; una lección magistral de thrash metal.

Si hay una banda con la capacidad de revivir el espíritu y la energía del rock clásico, no cabe duda de que esa es AIRBOURNE. Tomando el legado de AC/DC como punto de partida, los australianos están labrando su propio camino mediante la creación de canciones directas y pegadizas, cual himnos de grandes estadios. Buena muestra de ello son “Ready to Rock y “Too Much, Too Young, Too Fast”, cortes con los que arrancaron su actuación y desprenden energía e ímpetu a raudales. Lo que nadie esperaba es que tras apenas haber arrancado, un apagón parara la fiesta de lleno. Hubo varios momentos de incertidumbre en los que parecía que el sonido volvía, incluso la banda comenzó a tocar sin amplificación externa, solamente con el volumen de dentro del escenario, pero lejos de acentuar tensiones y hostilidades, Joel O’Keeffe mostró una vez más su genialidad arengando al público mediante bromas, cuando no quedaba otra que esperar a que se solucionara el problema. Al retorno del sonido con “Girls In Black” se le sumó la vuelta instantánea de la adrenalina y la conexión entre banda y público. De ahí en adelante, la fiesta transcurrió en todo su esplendor, con temas redondos como “Diamond in the Rough” o “Stand up for Rock n’ Roll”, donde la banda se vació al completo, al igual que los espectadores, con movimientos coordinados  y el colofón final con “Live It Up” y “Running Wild”, donde O’Keeffe seguía abriendo cervezas con la cabeza y tirándolas al público. Su apasionada actitud compensó las limitaciones vocales que mostró en los tonos más agudos.

TERROR fue la primera y última banda que presenciamos en el Warzone. Su actuación venía marcada por la lesión de espalda del vocalista Scott Vogel, que fue sustituido por el propio bajista de la banda, David Wood, lo cual aumentó la expectación aún más si cabe. Salieron con todo desde el principio con “Stick Tight”, “You’re Caught” y “Live by the Code”, con los pits y el karate a la orden del día. La gran ejecución y el potente sonido aumentaron la sensación de autenticidad de su propuesta, aunque para cuando nos dimos cuenta ya se estaban despidiendo con “Keepers of the Faith”. Debido al limitado set preparado por la lesión, lo que prometía ser una hora de actuación se quedó en escasa media hora.

Para cuando salimos del Warzone, SLASH todavía se encontraba al principio de su show, interpretando “Back from Cali” y la versión de “You Could Be Mine”. Además del siempre pletórico Myles Kennedy, pudimos ver a un Slash muy activo, moviéndose en el escenario constantemente y ejerciendo una brillante labor a la guitarra. Es de alegrar que un músico de su talla haya encontrado el equilibrio mediante su proyecto personal y composiciones propias, logrando dejar Guns N’ Roses en un segundo plano. La química entre las dos caras visibles de la banda es evidente, no hay más que ver sus interacciones en temas como “World on Fire” o “Anastasia”, que combina una exquisita intro acústica con emotivas melodías. De todas formas, resulta significativo que “Sweet Child O’ Mine” y “Paradise City” fueran las encargadas de cerrar el show, esperamos que con el tiempo Slash siga por el camino creativo y escape al eterno espectro que persigue a los músicos que formaron parte de agrupaciones una vez gloriosas.

Tras observar dos canciones de ZZ TOP de pasada y sentir una sensación de “deja vu”, como si estuviéramos ante el mismo concierto que ofrecieron hace dos años en ese mismo escenario, nos dirigimos al Valley para presenciar la descarga de ORANGE GOBLIN. La carpa dedicada a las corrientes más pesadas y alternativas del rock nos había regalado varios de los momentos memorables del festival y, en ese sentido, los londinenses no lograron encandilar al personal con tanta fuerza. El sonido fue excesivamente sucio desde el principio y las guitarras ininteligibles provocaron que los allí presentes se movieran al ritmo de la estruendosa base rítmica, aunque con menos entusiasmo de lo habitual. A medida que el sonido mejoraba el personal se adentraba progresivamente en la tónica del concierto, incluso se atrevieron a realizar un inmenso circle pit en la acelerada “The Devil’s Whip”.  Aunque para el cierre con “Red Tide Rising” banda y público saltaban y celebraban desatados, la sensación final fue la de una actuación que pudo haber sido mucho más.

La oscuridad se cernió sobre Clisson para abrazar la tenebrosidad y las infernales ambientaciones de MAYHEM. Los pioneros del black metal noruego encandilaron al público desde el inicio con clásicos como “Deathchurch”, “Symbols of Bloodswords” o “Carnage”. Gozaron de un gran sonido y la brutalidad de todos los instrumentos fue impulsada por un inspirado juego de luces que enfervorizó al público en su conjunto. El hecho de situarlos en la carpa y de noche fue un gran acierto ya que, como hemos podido comprobar en anteriores ocasiones, su propuesta no es igual de efectiva sin el componente visual y ambiental. Se despidieron por todo lo alto con las devastadores “Freezing Moon”, “De Mysteriis Dom Sathanas” y “Pure Fucking Armageddon”.

Tras el parón de media hora para los fuegos artificiales que sirvieron para celebrar el décimo aniversario del festival y el arranque de SCORPIONS ante un Main Stage I hasta los topes a ritmo de “Make It Real” y “The Zoo”, volvimos a la carpa para ver a OBITUARY, los cuales ofrecieron un concierto que por conocido no dejó de ser altamente efectivo. La banda presentó varios temas de su nuevo álbum “Inked In Blood”, aunque los mayores vítores vinieron de la mano de clásicos como “Infected”, “Don’t Care” o “Back to One”. El sonido de las voces, las guitarras y el estilo de batería son tan característicos que imprimen a la banda un estilo conjunto totalmente personal, instantáneamente distinguible de cualquier otra propuesta. Se despidieron por todo lo alto con “Slowly We Rot”, donde los entregados asistentes no pararon de agitar la cabeza y moshear.

Y para acabar el día qué mejor que un clásico entre los clásicos. Los legendarios VENOM, que, sin necesidad de tecnicismos, plantaron el embrión del thrash y las vertientes más oscuras que vendrían a posteriori y redefinieron la dirección del metal a comienzos de los 80 se presentaban en el Temple para desgranar sus canciones más celebradas como “Die Hard”, “The Evil One” o “Welcome to Hell”. La banda, con Cronos como único miembro original, se mostró en forma. De un modo, podría decirse que su mayor logro es el de mantener la esencia de las creaciones clásicas, aunque incorporando los elementos compositivos y técnicos del nuevo siglo. La conclusión con “Countless Bathory”, “Warhead” y “Black Metal” desató la euforia entre el personal completamente entregado.

DOMINGO, 22

El último día del festival comenzó a primera hora de la mañana de la mano de HYPNO5E. Se notaba que la banda francesa jugaba en casa, lo cual les facilitó la tarea en lo respectivo a la ambientación del concierto, aunque la respuesta tan entusiasta del público se debió ante todo a su excelencia interpretativa. Desde la inicial “Acid Mist Tomorrow” y “Gehenne” el cuarteto mostró sus dotes para mezclar ritmos progresivos con riffs de inmenso poderío rítmico. El buen sonido los acompañó durante toda su actuación y la comunión entre banda y público fue muy intensa a pesar del repertorio tan limitado del que dispusieron. El tramo final, con el público llevando al bajista literalmente en volandas mientras ejecutaban los pasajes más técnicos de “Tutuguri” con extrema precisión fue buena muestra del triunfo de su propuesta.

Los jovencísimos LOST SOCIETY fueron la primera banda que vimos el último día en los escenarios principales. Su thrash extremadamente veloz volvió loco a los espectadores de las primeras filas, pero ese mismo desenfreno provocó que su interpretación instrumental no se entendiera con la suficiente claridad. Basaron el set en su segundo trabajo de estudio, “Terror Hungry” y transmitieron una actitud muy enérgica, la sensación de venir a por todas. Ofrecieron un nuevo tema del que será su próximo trabajo e incluso lograr realizar un wall of death tempranero. Lograrán avanzar y escalar posiciones si diferencian su thrash de los sonidos estándares del género.

El concierto de THE HAUNTED era uno de los más esperados del festival. A una hora sorprendentemente tempranera, los suecos se presentaron para hacernos disfrutar con clásicos como “Trespass”, “D.O.A.” y “Bury Your Dead”. El punto negativo fue el sonido, que no acompañó hasta el final de su actuación, donde Anders Björler se sumó a sus antiguos compañeros para interpretar “Hate Song” y despedirse por todo lo alto.

No cabe duda de que RED FANG es uno de los grupos de rock que más ha escalado en los últimos años, si hace tres todavía los podíamos ver en salas pequeñas, hace dos abarrotaron el Valley y esta vez triunfaron en el escenario principal. El aumento en popularidad se ha visto acompañado por la gran forma de la banda, muy inspirada en cada cita a la hora de transmitir la intensidad de canciones como “DOEN”, “Blood Like Cream” o “Into the Eye”. A la gran facilidad que atesoran para crear canciones redondas, hay que sumarle el estruendoso sonido, con guitarras crujientes y una base rítmica atronadora, que combinado con el dinamismo del dúo vocal desemboca en las tremendamente apasionadas reacciones del público. Mediante el cierre con “Prehistoric Dog” transmitieron la sensación de estar ante una banda que va cada vez más.

El recital que ofrecieron a continuación NE OBLIVISCARIS en el Altar hizo temblar al resto de grupos que pasarían aquel día por el escenario. Los australianos dejaron boquiabiertos a propios y ajenos mediante su espléndida mezcla de death y black metal con ritmos progresivos y ambientaciones épicas comandadas por sonidos de violín y la alternación de voces limpias y guturales. El sonido fue nítido y equilibrado de principio a fin, debido a lo cual pudimos gozar de su habilidad compositiva y ejecutiva en su mayor esplendor. Aunque en los cuarenta minutos de los que disponían solo pudieron desgranar cuatro canciones, bastaron para que todos los allí presentes se rindieran a sus pies. Sin lugar a dudas, uno de los grandes descubrimientos del festival, volveremos a disfrutar de su excelencia en el Resurrection Fest.

Tras semejante recital, CARACH ANGREN lo tenían realmente complicado. El propio sonido evidenció una menor claridad, más saturado de graves, aunque a medida que el concierto avanzaba lograron sumergir al público en sus pasajes atmosféricos, donde todos los instrumentos convergían al servicio de las emotivas melodías. Canciones como “The Carriage Wheel Murder”, “Bitte Tötet Mich” o “Bloodstains of the Captain’s Log” sirvieron para ilustrar la capacidad que ostentan de mezclar ritmos extremos con su macabra teatralidad y tenebrosas ambientaciones.

El concierto de EXODUS no causó tanto entusiasmo, ya que interpretaron un set calcado al de la gira conjunta realizada junto a Testament. Se repitió la ausencia de Gary Holt, aunque esta vez no fue tan notoria debido al ambiente gamberro que predominaba en el festival. A pesar de que el sonido fue decente, no estuvo a la altura del Main Stage I, una constante durante todo el festival que la organización debería tener en cuenta de cara al futuro. Las finales “Bonded by Blood”, “Toxic Waltz” y “Strike of the Beast” desataron el caos entre el público y crearon los mayores circle pits, aunque nos quedamos con la amarga sensación de haber visto el concierto calcado apenas un mes antes.

La corriente thrash tuvo continuación con NUCLEAR ASSAULT. Aunque el concierto tenía un significado especial al tratarse del retorno de una banda clásica del género, la disminución del público fue notoria, hasta el punto de ser la actuación de una banda de renombre menos poblada de los escenarios principales en todo el fin de semana. Los neoyorquinos ofrecieron cortes añejos como “Critical Mass”, “Game Over” o “Butt Fuck”, aunque el sonido tampoco acompañó y su actitud gamberra no llegó a transmitirse por completo. Las extremadamente veloces “My America”, “Hang the Pope” y “Lesbians” crearon tímidos pits en las filas delanteras, pero su propuesta no llegó a cuajar del todo hacia el resto del público, distante y poco participativo en la fiesta que intentaron llevar a cabo.

De un modo u otro, todos los años solemos encontrarnos con alguno de los integrantes del que fue la banda de thrash metal referente brasileña en los noventa. Esta vez le tocaba el turno a CAVALERA CONSPIRACY, con el especial aliciente de ver a los hermanos que revolucionaron el género juntos sobre el escenario. Comenzaron con gran poderío sonoro al ritmo de “Babylonian Pandemonium” y “Sanctuary”, aunque no tardaron en volver sobre el material original de la banda que los alzó al estrellato. Es en este punto donde se evidenciaron las diferencias, ya que primero con “Refuse Resist” y “Territory” y después con un medley de “Beneath the Remains”, “Desperate Cry” y “Dead Embryonic Cells” pudimos observar a un Igor pletórico, atronando su batería con el gusto y precisión que le diferencian y un Max sin remedio, con la guitarra de adorno y gritando de forma lamentable. Al no poder tocar debidamente las canciones que él mismo creó mientras el resto de la banda se empeña en realizar la interpretación más digna posible, no hace más que deformar el recuerdo de lo que una vez fue. Semejante espectáculo fue suficiente para abandonar el lugar y dirigirnos hacia la carpa de los sonidos más extremos.

En cambio, CANNIBAL CORPSE lograron convertir el Altar en una olla a presión. A pesar de que basaron gran parte de su repertorio en los discos más recientes, su actuación fue tan intensa que no dejaron títere con cabeza y los pits se sucedieron constantemente. La gran destreza de Alex Webster al bajo, los envenenados riffs de guitarra, los infernales ritmos de batería y los inconfundibles guturales y remolinos de “Corpsegrinder” arrancaron el aplauso del más escéptico, calentando el terreno para la apoteosis final con las clásicas “I Cum Blood”, “A Skull Full of Maggots” y “Hammer Smashed Face”, con la cual pudimos presenciar el circle pit más grande y salvaje de todo el fin de semana en la carpa.

Tras semejante brutalidad, todo parecía indicar que AT THE GATES nos proporcionaría una nueva dosis de death metal para el disfrute de nuestros sentidos, aunque desgraciadamente, su concierto estuvo marcado por el mal sonido. Intercalaron clásicos como “Slaughter of the Soul”, “Cold”, “Terminal Spirit Disease” o “Under a Serpents Sun” con material de su nuevo disco, aunque el volumen sorprendentemente bajo de las guitarras restó a las canciones la garra y emotividad que las distinguen. La colaboración del vocalista de The Haunted, Marco Aro, en “World of Lies” desató la euforia entre el público e hizo olvidar los desajustes sonoros por momentos, pero la situación siguió igual en “Suicide Nation”, “Nausea” y “Kingdom Gone”. Una verdadera pena teniendo en cuenta el furor que causaron hace dos años en ese mismo escenario y lo bien que sonaron en la gira por la península a principios de año. Paradójicamente, cuando el sonido se acercó a lo que debería haber sido durante todo el concierto en la final “Blinded by Fear”, Lindberg perdió la voz.

Para cuando salimos del Altar, IN FLAMES estaban embarcados en el tramo final de su actuación. Ellos sí que gozaron de un buen sonido, si bien hace tiempo que abandonaron el death metal melódico y abrazaron el convencionalismo. Su actuación fue correcta en líneas generales, aunque crear un circle pit masivo con “Drifter” y dirigir el concierto hacia el final con canciones tan descafeinadas como “The Quiet Place” o “Delight and Angers” dista mucho de la energía e intensidad transmitidas cuando defendían discos tan poderosos como “Clayman” o “Colony”. Cuando la banda que una vez jugó un papel fundamental en el asentamiento de todo un estilo acaba interpretando canciones cual balada con la audiencia masiva alzando las manos de un lado a otro en el aire…

Podría decirse que en este sentido ARCH ENEMY son los que han logrado el equilibrio entre ambos modelos, abrazando el heavy metal y el público más amplio que esto acarrea, aunque partiendo de esa vertiente basada en el melodeath, ahora más inspirada que nunca con el ímpetu de Alissa White-Gluz y la frescura de las nuevas composiciones de Michael Ammott. Desde las iniciales “Yesterday is Dead and Gone” y “Burning Angel”, ofrecieron un directo muy dinámico y fluido, respaldado por un sonido equilibrado en el que los nítidos solos y melodías de guitarra sonaron a gloria. La actitud de la banda en conjunto fue muy enérgica en todo momento, acertando en la combinación de nuevas canciones como “War Eternal” y “As the Pages Burn”, con cortes ya emblemáticos como “Ravenous” o “Dead Eyes See No Future”. “Nemesis” puso el broche de oro a una actuación para el recuerdo, que creó un estrecho lazo entre banda y público y transmitió sensaciones muy positivas.

Un año más, nos marchamos del recinto con una gran sensación final, cansados pero contentos, satisfechos por haber disfrutado de tantos conciertos de tan alto nivel. ¡Hasta el año que viene!

Texto: Mikel Yarza

Fotos: Joan Garciolo

HELLFEST 2015

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